• 30 abril, 2016

Síndrome de Tourette (TIC – TOC)

Síndrome de Tourette (TIC – TOC)

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Como terapeutas y/o docentes muchas veces advertimos, en nuestra tarea diaria, niños que presentan serias dificultades a la hora de adquirir habilidades cognitivas y sociales. El mismo es un tema delicado pues a veces los mal llamados “chicos problema”, pueden estar dando signos —a través de su conducta— de trastornos neurológicos y/o psicopatológicos.

En esta oportunidad haré referencia al Síndrome de Tourette, no solamente porque su sintomatología irrumpe alterando los procesos de aprendizaje “normales”, sino también con el objeto de describir su sintomatología, difundir su existencia, orientar y concientizar a la comunidad sobre la importancia que reviste su detección precoz en el mejoramiento de la calidad de vida del niño y su entorno.

Cuando hablamos de un síndrome nos estamos refiriendo a un conjunto de síntomas que caracterizan determinada enfermedad. El síndrome de Tourette es un trastorno neuropsiquiátrico de origen genético, cuyo síntoma más llamativo —al menos desde la mirada social— es la aparición recurrente de “tics” fonatorios y/o motores (movimientos involuntarios que evidencian alteración neurológica). Sin embargo, no todos los niños que presentan tics tienen Tourette, pues puede tratarse de un trastorno por tics de tipo transitorio, vinculado más a lo afectivo-emocional que a lo orgánico. Por ello reviste mucha importancia para el diagnóstico diferencial determinar si los tics persisten a lo largo de todo 1 año; siendo así puede tratarse de este síndrome.

También es fundamental observar la existencia o aparición de otros síntomas, aquellos “comportamientos patológicos” que dan cuenta del componente psiquiátrico de esta enfermedad (compulsiones, obsesiones, dificultades de aprendizaje, problemas de tipo conductual, etc.).

¿Qué sucede con los procesos de aprendizaje cuando un niño padece Síndrome de Tourette? La irrupción de los tics y tocs (trastornos obsesivo- compulsivos) en la vida cotidiana, interfiere y modifica la comunicación con los otros. El comportamiento de estos niños, cargado de “exageración” (muecas, gritos, hiperactividad, conductas ritualistas) genera en los demás incomodidad, desconcierto, sorpresa, burlas y vergüenza: no es socialmente aceptado.

Entonces reflexionemos …

  • ¿Cómo logra un niño con Tourette concentrarse en clase cuando su atención está replegada sobre sí mismo?
  • ¿Cómo hace para adquirir el dominio de sí cuando no lo tiene?
  • ¿Cómo puede sentirse igual a los otros si esos otros lo discriminan?
  • ¿Cómo adquiere ciertas habilidades cognitivas cuando las funciones neurológicas que posibilitan esta aprehensión se ven alteradas?

Solo con una detección precoz de la enfermedad, con los correspondientes tratamientos médico-farmacológicos y el apoyo terapéutico, estos niños podrán alcanzar un estado de bienestar general que, entre otras cosas, propicie:

  • La aceptación de la enfermedad (del paciente y de su entorno familiar y social próximo).
  • El mejoramiento de los vínculos existentes y el desarrollo de nuevos.
  • El autocontrol y la confianza en sí mismos.

La musicoterapia es una disciplina terapéutica que puede intervenir favorablemente en estos casos. Como punto de partida para el tratamiento, toma y trabaja con los aspectos sanos (salugénicos) de estos niños, posibilitándoles “ser” y “hacer” desde un lugar placentero, sin ponderar la sintomatología.

La música —recurso por excelencia en musicoterapia— es utilizada por el terapeuta desde todos sus aspectos (rítmico, melódico, armónico),

orientando el tratamiento para que el niño pueda mejorar su calidad de vida.

El lenguaje musical, al no estar atravesado por la palabra, promueve la libre expresión de las emociones, siendo el niño capaz de ponerlas en el afuera pero recreadas –en el aquí y ahora del encuadre terapéutico— en un hecho o producto creativo.

La música, en el proceso musicoterapéutico, cobra entonces un valor que va más allá de la experiencia estética: adquiere valor comunicativo y facilita el alivio y la elaboración de situaciones conflictivas.

Las técnicas de respiración y relajación, le permiten conocer, registrar y controlar su cuerpo. Muchas veces observamos (o ellos mismos nos cuentan), que tienen una sensación previa al tic, una sensación anticipatoria; es importante detenernos en esta “pausa” o “silencio” que precede al tic y trabajar junto a ellos sobre la exploración de estrategias —siempre desde un lugar de juego— que le permitan desarrollar en ese tiempo particular recursos que posibiliten la detención del tic y, en detrimento del mismo, la aparición de conductas más aceptadas socialmente, por ejemplo: tararear una canción, concentrarse en la respiración costo diafragmática, silbar, etc.

A su vez, la experiencia corporal que tiene lugar dentro del encuadre musicoterapéutico, propicia el reencuentro del niño con su cuerpo y con su imagen con el objeto de re-posicionarlo, corriéndolo del lugar del dolor y habilitándolo como fuente de placer y diversión.

Los recursos sonoros y musicales —utilizados metodológica y sistemáticamente— promueven entonces cambios comportamentales positivos que conducen al bienestar general del niño y su entorno.

Trabajar junto a las familias es fundamental, así como también prestar asesoramiento y orientación a los docentes y a la comunidad educativa en

general, pues no debemos olvidar que son niños y como tales aún están en proceso de desarrollo y personalización. Tenemos los adultos la tarea de acompañar, apoyar, comprender y ofrecerles la posibilidad de llevar una vida como la de cualquier otro, brindándoles las mismas oportunidades para su realización personal y social.

Lic. Raquel Gómez – Equipo Red Musicante
info@redmusicante.com